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Cómo conseguí dar el salto del carril bici al desierto del Sáhara

En el 2018 fui finisher de la Titan Desert, una de las carreras de bicicleta de montaña más duras del mundo. Más de 600 km y 7.500 metros de desnivel repartidos en 6 etapas por el Atlas y el desierto de Marruecos. 4 años antes ni si quiera tenía bici.

No hace falta que seas una deportista de élite para conseguir enfrentarte a grandes retos. 

En este artículo te voy a contar cómo superé todas las barreras para convertirme en una titana del desierto.

Mis primeras pedaladas

Aún recuerdo el día que me lancé a realizar mi primera gran hazaña, completar la vuelta al anillo verde ciclista que circunvala Madrid. 60 km y unos 300 m de desnivel.

Terminé agotada. En muchas ocasiones estuve tentada de coger el metro e irme para casa, pero finalmente lo conseguí y ese día sentí que quería más y más.

Mi padre ya llevaba varios años montando en bici con su cuadrilla. Poco a poco fueron subiendo de nivel y las bicis que iba dejando en un segundo plano yo las recogía encantada. La primera que llegó a casa no sé si superaría los 300 euros.

Engañaba a mis amigas para ir a la Casa de Campo, a recorrer alguna vía verde e incluso conseguí llevarlas a la sierra alguna vez.

¡Menudas aventuras! Pinchazos, rampones imposibles, perdernos, encontramos, volvernos a perder, saltar muros, cruzar ríos… Tuvimos de todo, pero siempre terminábamos con unas risas, unas cervecitas y felices por haber pasado el día fuera del mundanal ruido y en la mejor compañía.

Primeras escapadas en bici con mis amigas

¿Droga o medicina?

Llámalo como quieras, pero yo sólo sé que en bici soy feliz.

Cada vez que salía en bici las sensaciones eran geniales y las ganas de superación iban creciendo, quería recorrer km y km con ella, así que empecé a disparar a diestro y siniestro.

Me apunté a spinning. Cuando iba a Zaragoza me colaba en las salidas de los domingos con mi padre. Me lie la manta a la cabeza y me hice Madrid – Aranjuez. Participé en una carrera por Moralzarzar.  Y cuando llegó Semana Santa cogí unas alforjas y a un amigo y nos hicimos el Camino de Santiago desde Oporto a Finisterra. ¡Cuánto más montaba, más quería!

Y poco a poco, sin darme cuenta, llegó el momento del despegue, me apunté a las salidas de BTT del Club de Montaña Pegaso.

Allí surgió un grupo formidable donde cada fin de semana o puente surgía alguna actividad y muchas fuera de nuestra ciudad, con lo que el abanico de posibilidades se abría mucho.

A base de salir y salir, no sólo mejoré el físico, sino que también la técnica y mi cuerpecito me iba pidiendo más caña, más adrenalina, más trialeras, más sendas y más piedras en el camino.

Salir en bici no solo es deporte, es explorar nuevos rincones de nuestra rica geografía, es disfrutar de pueblos con encanto, es saborear las delicias de nuestra cultura, es respirar aire puro y deleitarse con la belleza de la naturaleza. ¿Salir en bici es droga o es medicina? No lo sé, dímelo tú, pero yo ya no me despego de ella.

La llamada del desierto

En la máquina de café todo el mundo comentaba la última serie de Netflix que estaba viendo. Yo hablaba del tiempo porque lo único que veía eran videos en Youtube de Vanletí Sanjuan, Zugasti o Tomi Misser.

Me encantaba seguir las carreras en las que participaban, La leyenda del dorado, La cape epic y por supuesto la Titan Desert. Auténticas gestas que parecían imposibles para el común de los mortales.

Era final de año, un día cualquiera, la bandeja de entrada tenía su ritmo habitual, 5 mails cada 10 minutos, pero hubo uno que aceleró mi corazón hasta casi salirse del pecho.

Miraba alrededor y nadie se inmutaba, pero yo estaba a punto de estallar. Se buscaban 4 participantes para formar un equipo y así representar a la empresa en la Titan desert.

¡Tenía la posibilidad de ir a la Titan! Ay no no no. ¿Cómo voy a enfrentarme yo a eso? ¡No estoy preparada! Pero… ¡cómo me lo voy a perder! Y ¿si lo consigo? Buaaaa ¡Sería brutal! ¿Qué hago? ¡Ana estás loca! ¡Mira que eso no es moco de pavo! ¡Allí no va cualquiera!

La Titan desert es el Dakar de la mountain bike. Aunque el desierto del Sáhara es siempre el protagonista, cada año el recorrido difiere. Hay dos etapas que siempre se mantienen. La llamada etapa maratón donde no existe ningún tipo de asistencia, y la etapa Garmin, navegación pura y dura, donde no dispones de una ruta o track.

Mil dudas e inseguridades me invadían cada día, pero las fui derrumbando a golpe de pedal, sumando más y más km y convirtiendo la bici en mi fiel compañera de batalla. Devoraba videos y blogs de otros participantes y llegué a visualizarme enfrentándome al desierto.

También hubo muchos días de cansancio físico y mental. ¿Por qué me he metido yo en esto?, y ¿si se me rompe la bici?, y ¿si me pierdo? y ¿si me deshidrato? y ¿si me agoto?

Cuando la mente me iba a explotar, paraba y decía, ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que tenga que abandonar y volver a casa?, Bueno por lo menos habré vivido parte de una Titan desert y eso ya merece la pena.

Si no hubiera aprovechado esa oportunidad no me lo hubiera perdonado jamás, no podía quedarme con la sensación de al menos no haberlo intentado.

Los auténticos titanes

No me preguntes en qué puesto quedamos, ni qué tiempo hicimos porque no tengo ni idea. Lo único que sé es que fue una experiencia inolvidable, lo que allí se vive es único y sólo quien vive una Titan desert sabe de lo que hablo.

Titan Desert

Aquí te dejo sólo algunas pinceladas de por qué esta experiencia marcó una antes y un después en mi vida:

  1. Paisajes espectaculares, tanto por la majestuosidad del Atlas como por las impresionantes dunas del desierto. Amaneceres y anocheceres de ensueño.
  2. Convivir con más apasionados de la MTB, tanto famosos como gente aficionada, con historias increíbles y emocionantes.
  3. ¡Chicas! ¡Batimos el récord de participación femenina! Fue genial rodar con todas ellas ya que pocas veces coincido con otras mujeres en faena. Todavía mantengo el contacto con muchas porque aparte de grandes deportistas, son grandes personas.
  4. La logística es brutal, se montan auténticos campamentos en mitad de la nada absoluta. Compartir noche tras noche con otros titanes en aquellas haimas no lo cambio por ningún hotel de 5 estrellas.
  5. Y lo mejor de todo, los niños. Ellos sí que hacen auténticas maratones para chocar tu mano y animarte con esa sonrisa que les ilumina la cara. Ellos son los verdaderos titanes del desierto.

Ya nada volverá a ser como antes.

Y terminó la Titan y volví a casa, a la oficina y a la compra en el Mercadona. A los atascos y a la máquina del café, pero yo ya no era la misma. Debajo de los vaqueros y la camisa llevaba mi super traje de titana y sé que ahora soy capaz de enfrentarme a todos los retos que me proponga.

Todo, absolutamente todo, es cuestión de actitud, las barreras son mentales, somos nuestro peor enemigo. Tú tienes el control de tu vida, así que sal ahí fuera y lucha por tus sueños ya. El momento es ahora.

¿Cuál es tu reto? ¡Cuéntamelo en los comentarios!

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